Al Santuario de Andacocha llegan menos fieles. También se redujeron los aportes de los emigrantes que contribuían al mantenimiento del templo.
SIN DEVOTOS. Corría el 14 de agosto y el santuario Señor de Andacocha, en el cantón Guachapala, al este de la provincia del Azuay, 500 kilómetros al sur de Quito, lucía inusualmente vacío.
Unos pocos penitentes, generalmente quienes planean emigrar a los Estados Unidos o España, llegaban descalzos hasta la pequeña iglesia, a pesar de que el cabildo municipal abrió, hace cinco años, una vía de acceso vehicular para facilitar el ingreso a este sector ubicado en medio de un cerro a más de mil metros de altura. Nadie o casi nadie cruzaba el umbral de los locales comerciales, ni los de los retratistas o vendedores de velas. En una pequeña capilla contigua, dedicada exclusivamente a incienciarios y velatorios, pocas velas se quemaban. Un panorama muy extraño a pesar de la proximidad de las fiestas de este patrón de los emigrantes: el Señor de Andacocha.
“Es un reflejo de la crisis internacional”, sostiene Maruja Gallegos, quien acudió a solicitar a la diminuta imagen de menos de cinco centímetros que le favorezca en los negocios que está próxima a emprender.
LOS ORÍGENES. El culto por esta efigie inició en 1957, cuando un indígena de la zona, Manuel Corte, encontró un pequeño Cristo al que, tras un “sueño revelador”, le levantó una capilla en el mismo sitio del hallazgo. Sus fiestas anuales se celebran los días 13, 14 y 15 de septiembre con actos y concentraciones masivas que, antes, desbordaban y tenían eco en toda la zona Austral. Pero todo indica que este año será diferente.
Prácticamente el 80 por ciento de las dos capillas dedicadas a la adoración de esta imagen ha sido construida por los envíos de dinero de los emigrantes que atribuyen su éxito en el viaje y luego en el trabajo, al haberse encomendado a esta advocación religiosa.
Muchas de las bancas, lámparas, pantallas, puertas, ventanas, floreros, flores, urnas, alcancías, reclinatorios, estolas, y hasta los sueldos de ciertos colaboradores de la parroquia, provenían de la gratitud de los emigrantes. Pero esta gratitud, y la agenda de fiestas, no ha escapado de la crisis económica mundial y en Andacocha se evidencian dos fenómenos: menor flujo migratorio y menor cantidad de dinero que llega desde fuera.
Rafael Cabrera Delgado, párroco de Guachapala, guarda reserva al momento de calcular el monto de los aportes de los emigrantes, pero admite que sí han disminuido.